La liturgia del Vigésimo Noveno Domingo del Tiempo Ordinario nos muestra que es Dios quien guía la historia y que está por encima de todo, incluso de los hombres y las instituciones más importantes.
Isaías nos recuerda que Dios elige, como instrumento de su misericordia, a un pagano que no lo reconoce.
Ante la insidiosa pregunta de los fariseos sobre la admisibilidad de pagar tributo al César, Jesús responde con una advertencia para cumplir con el deber humano y cívico, pero también con una firme afirmación de la autonomía de la conciencia y la dignidad humana, que ningún poder político opresor puede pisotear.
Los cristianos debemos rechazar cualquier tentación fundamentalista de convertir el Evangelio en una constitución política.
Oremos para que el Espíritu nos capacite para abrazar con convicción la Palabra que salva.







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