«Miguel y Francisco», la extraordinaria iniciativa que del 25 al 30 del mes pasado unió indisolublemente las ciudades de Monte Sant’Angelo y Asís, concluyó a finales de junio.
Gracias a la sólida sinergia entre la Basílica y la administración municipal, este evento celebró dos aniversarios históricos: el 800 aniversario del Tránsito de San Francisco y el 15 aniversario del reconocimiento del Santuario de San Miguel por la UNESCO.
El corazón del proyecto reside en el profundo vínculo espiritual que unió al Pobre de Asís y al Arcángel: una admiración que transformó los días del evento en un acontecimiento de fe, historia y cultura.
Algunos momentos destacados:
El 26 de junio, el obispo de Asís, Nocera Umbra, Gualdo Tadino, Mons. Felice Accrocca celebró la solemne Eucaristía junto a su homólogo de la Diócesis de Siponto-Gargano, Mons. Franco Moscone; el rector de la Basílica Celeste, P. Ladislao Suchy; el custodio del Sacro Convento y el rector de la Porciúncula de Asís, P. Marco Moroni y P. Massimo Travascio; y las autoridades de ambos centros. Al finalizar la liturgia, tras develar una placa conmemorativa, las dos delegaciones firmaron la renovación del Pacto de Amistad.
El 27 de junio, la cultura fue protagonista con la apertura especial de monumentos y museos: la Noche Blanca del Patrimonio Cultural representó una oportunidad única para que ciudadanos y turistas se sumergieran en los tesoros que alberga el circuito museístico TECUM.
La acogida del manto de San Francisco el 28 de junio fue una experiencia conmovedora. La reliquia recorrió las calles principales de Monte Sant’Angelo antes de ser entronizada en la Gruta Sagrada, convirtiéndose en lugar de oración y veneración para cientos de fieles.
El programa concluyó el 30 de junio con el Perdón de Gargano. El recorrido espiritual y penitencial que unía los dos lugares sagrados de San Miguel y San Pío fue introducido por una reflexión del Padre Walter Insero, profesor de la Pontificia Universidad Gregoriana, centrada en el significado simbólico del manto en las Sagradas Escrituras. Estas reflexiones meditativas ayudaron a dar sentido a la marcha que los numerosos participantes se preparaban para emprender.
“Miguel y Francisco” no fue solo una celebración, sino una confirmación de que la historia y la espiritualidad, cuando se encuentran, son capaces de construir puentes duraderos entre comunidades.




























































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