La liturgia del XXVII Domingo del Tiempo Ordinario nos invita a reflexionar sobre la necesidad de responder con gratitud a
dones que Dios nos da para hacer el bien.
Isaías, a través de la imagen de la viña que, aunque cuidadosamente cultivada, sólo produce uvas silvestres, indica la actitud negativa del pueblo de Israel hacia la benevolencia divina.
La parábola de los malos siervos, en alusión también al pueblo judío y a sus líderes, nos advierte también hoy a los cristianos: la vida es un don y debe vivirse en libertad, pero también en responsabilidad.
Debemos estar atentos porque es muy fácil desviarnos del camino del bien y comportarnos de manera diferente a como el Señor quiere.
La invitación de san Pablo es a permanecer en la paz de Dios.
Oremos para que el Espíritu nos dé la capacidad de permanecer unidos a Jesús y dar mucho fruto.







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