San Agustín la llamó «la madre de todas las vigilias santas»: durante la solemne Vigilia Pascual, la Iglesia celebra la Resurrección de Cristo.
Es una liturgia compuesta por diversos momentos: la bendición del fuego y del lucernario, con el encendido de la vela y el canto del «Exultet», resaltan el contraste y la transición de la oscuridad a la luz, de la muerte a la vida; la proclamación de la Palabra de Dios (siete lecturas, ocho salmos y la Epístola de San Pablo) representa una especie de catequesis bíblica que subraya cómo el Todopoderoso ha actuado a lo largo de la historia para la salvación de sus criaturas; el rito del Bautismo (donde se ofrece) es una oportunidad para renovar la identidad cristiana, renunciando al pecado y abrazando a Cristo; la Eucaristía hace sacramentalmente presente la Resurrección; es el banquete del resucitado, un anticipo de la felicidad eterna.
La vigilia comenzará a las 22:00.






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