En la liturgia de hoy, en la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor, encontramos dos signos importantes: el pan y el vino.
No son simplemente una respuesta al trabajo humano, realidades materiales que aseguran la supervivencia física de las criaturas: junto con el agua, apuntan a valores superiores y son símbolos de comunión, amistad e intimidad.
A través de la Eucaristía, los fieles entran en comunión con Cristo, se liberan de la mortalidad y se insertan en el misterio de la vida divina.
Oremos para que nadie carezca jamás del alimento para el cuerpo y, sobre todo, para el espíritu.







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