La revelación de Dios y el amor fraternal son los motivos dominantes de la liturgia del Quinto Domingo de Pascua/A.
Jesús quiere fortalecer en la fe a sus discípulos y les promete un lugar con él.
Él es el camino que conduce al Padre y a su revelador: quien cree en Él se vuelve capaz de realizar sus obras y aún mayores.
Los fieles forman con Cristo un edificio espiritual: son su pueblo elegido, santo, sacerdotal y real, que ha obtenido la misericordia del Señor.
Que el Señor aumente nuestra fe para que también nosotros podamos, en su nombre, vivir el auténtico amor trabajando en la caridad hacia nuestros hermanos.







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